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La mujer en la familia empresaria chilena columna de María Paz Henríquez

María Paz Henríquez, es Ingeniero Comercial de la Pontificia Universidad Católica de Chile, con 30 años de experiencia en cargos ejecutivos en empresas de servicio tales como Lan Chile, VTR Telecomunicaciones y Clínica Maitenes. Además, 20 años en roles de Directora en empresas eléctricas, de salud y primera mujer en ser Directora de FEC, Familias Empresarias de Chile. Profesional orientada al desarrollo estratégico de negocios, con experiencia en mentoring a empresarios y profesionales. Miembro de Mentores WoomUp/Miembro de RedMad / Miembro del Registro de Directoras del Ministerio de la Mujer.

Al hablar de la familia empresaria pocas veces nos imaginamos que esa realidad pueda ser tan particular y, en muchos casos, tan distinta a la realidad que se vive en otro tipo de empresas o corporaciones.

Conectar con esa experiencia nos puede sorprender y asustar, pero, sin lugar a dudas, generar una gran fuente de inspiración. ¿Cómo enfrentamos el desafío de la sucesión en el negocio, cómo logramos sortear los conflictos internos entre patriarca e hijos, entre hermanos o con parientes, a veces, no tan cercanos e involucrados en ese negocio?, ¿cómo logramos ver que es necesario profesionalizar nuestro negocio y cómo, finalmente, lo logramos?, ¿somos capaces de pedir ayuda a externos? Estas son sólo algunas de las grandes interrogantes que este interesante mercado se plantea a diario.

Un camino difícil

Empresaria chilena del área de la salud, a través de un maravilloso proyecto que partió hace 20 años de la iniciativa de mi padre, luchador y visionario ingeniero civil eléctrico, que años antes ya había emprendido, pero en el rubro eléctrico, en Chile y Bolivia. Soy testigo y protagonista de ese modelo de empresa: una empresa familiar chilena.
Nuestro proyecto familiar de salud, en pleno crecimiento actualmente, nos ha dado la posibilidad de dar trabajo a más de 300 personas, 80 % de ellas mujeres, a más de 180 médicos y hemos logrado dar un servicio de calidad a más de 500.000 personas de la zona rural de este país.
El camino no ha sido para nada fácil y como en cada empresa familiar ha estado lleno de sinsabores, pero también de satisfacciones, al ver como hemos podido ir creciendo y avanzando en el número de pacientes atendidos, de nuevos servicios que ofrecemos y en la importante expansión geográfica que hemos ido logrando.

Hace cuatro años tuve el coraje de dar un paso al costado y de tomar la decisión de salir de la administración y de la primera línea de mi negocio. Eso siempre es difícil para uno como empresaria, pero sobretodo para uno como “mujer empresaria“. Normalmente, estamos convencidas de que sólo bajo nuestros ojos se puede manejar bien nuestra empresa. Pero al contrario, se me abrió un mundo nuevo, una tremenda oportunidad para poder, desde el directorio, mirar el negocio desde más arriba y en forma más estratégica, mirarlo desde otra perspectiva y abrir los ojos a nuevos desafíos en este rubro.
Y no solamente eso, sino que esta iniciativa también me permitió generar un nuevo espacio de conversación y de trabajo distinto con mis hermanos, que son mis socios en el negocio. Un espacio paralelo a la reunión familiar, el “consejo ”. Aquí podemos discutir, sin involucrar nuestras relaciones personales y trabajar en los planes estratégicos, porque de lo contrario se hace muy difícil el avance y crecimiento de la empresa.

Buscar ayuda en terceros

Desde mi experiencia como empresaria, solo puedo recomendar escuchar a otras personas y estar abiertos a recibir el consejo de expertos para liderar sus empresas. A bajar la cabeza y reconocer que no siempre uno está en lo correcto.
Es fundamental que estas organizaciones se abran a trabajar con profesionales externos, pero ésto, va de la mano con que ese tercero se involucre en la familia y esté dispuesto a trabajar en este ambiente y cultura, tan distintos. El mundo de las familias empresarias es particular. Lo ideal es tener muy clara la mirada desde la relación con cada una de las personas que están tomando las grandes decisiones; el patriarca, sus hijos, la descendencia. No todos los profesionales se sienten cómodos o están dispuestos a trabajar con ello.
Mi consejo para quienes deseen desarrollarse dentro de este sector es prepararse para entender estas dinámicas y conectar con ellas. Tiene que generarse una confianza porque estas familias no siempre están dispuestos a entregar todos sus temas y a mostrarse como son, con toda una serie de problemáticas que no se dan con frecuencia en las grandes corporaciones.

Una oportunidad para los liderazgos femeninos

El ámbito de las empresas familiares es una gran oportunidad de desarrollo para las mujeres profesionales que buscan apoyar y trabajar como externas a estas empresas, como directoras o asesoras, así como también, para aquellas que están dispuestas a apoyarlas internamente desde cargos ejecutivos. Las familias empresarias saben que necesitan esta ayuda. Muchas veces no tienen el recurso financiero para tener expertos dentro de la organización y, entonces, contar con esta instancia externa se convierte en una valiosa alternativa.

Desde la perspectiva de la mujer miembro de estas familias, el camino puede ser, a veces, muy difícil. Podemos estar llenas de herramientas que nos entrega la formación académica, los años de conocimiento del negocio, y el total y absoluto involucramiento. Sin embargo, frecuentemente nos cuesta encontrar el espacio para ser escuchadas y validadas. Pero somos fuertes y resilientes al enfrentar los desafíos. Somos metódicas, al mismo tiempo que empáticas y enfocadas en las personas. Todas, importantes e indispensables habilidades para lograr el mejor de los liderazgos en nuestros equipos.

 

adminblog • 14 septiembre, 2020


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